El día que México desapareció.

Cualquier semejanza con la realidad es mera coincidencia.

Parado sobre una caja de plástico, de esas que sirven de empaque de algún producto, un hombre maduro situado en la Macroplaza de Monterrey, precisamente ahí frente al palacio de gobierno, en la explanada frontal, mientras los transeúntes lo miraban unos con un dejo de indiferencia, otros lo miraban como a un loco escapado del manicomio.

A grandes gritos decía: “Se nos acabó la conciencia ciudadana, reaccionemos hermanos o nos acabaremos nuestro estado y nuestro país, ¿qué condiciones les dejaremos a nuestros hijos y nuestros nietos?”.

Continuó gritando – “Nuestra actuación apática solo está engendrando un país que se hunde en la pobreza y la mediocridad, unos gobernantes ineptos y corruptos que en vez de servir, se sirven del ciudadano, que en vez de entender que somos sus empleadores se convierten en nuestros dueños en una actitud dictatorial”.

“¿Acaso no han visto como derrochan el dinero nuestros funcionarios públicos?”, esto mientras el ciudadano se tiene que apretar cada vez más fuerte el cinturón. – El rostro del orador se tornaba cada vez más rojo a medida que la pasión de lo que decía le inundaba el ánimo.-

En esos momentos alrededor del orador ya se había congregado un grupo como de veinte gentes, más que por impresionarles los argumentos, estaban ahí para matar el tiempo, gente desempleada, chamacos que se habían ido de “yesca” o de “pinta”, vendedores de globos sin clientes, gente que había ido a realizar algún trámite en las dependencias y vagos sin oficio ni beneficio.

Con fuertes gritos continuaba el orador anónimo diciendo: “Nuestro estado está a punto de morir, nuestro país está a punto de morir, nosotros estamos a punto de morir si no hacemos nada”.

La gente lo miraba entre divertida y escéptica, en su interior decían “mevama” (mevama era una expresión de los mexicanos  que tenía su origen en la flojera de emitir una expresión que años atrás y constantemente pronunciaban y que era “Me vale madres”, tanto lo mencionó el ciudadano mexicano que un día, por abreviar, decidieron decir “mevama”, de hecho así conocían al mexicano en el extranjero, como “Los Mevama”).

Típico Mevama
Típico Mevama

Cuando alguien mencionaba que el petróleo se nos estaba acabando, el ciudadano decía “mevama”, lo mismo decía cuando oía que los bosques de Chihuahua o las selvas de Chiapas se estaban acabando, o cuando un expresidente junto con sus hijastros y nueva esposa salieron multimillonarios, cuando tenía que pagar más por el litro de gasolina que en los países que no tenían petróleo, cuando otorgaron a México el honor de ser el primero en obesidad, cuando decidieron aumentar el iva a 16%, mientras naciones del primer mundo tienen 8%, cuando el gobierno del Estado decidió por enésima vez solicitar más créditos empeñando por  lustros a la ciudadanía, cuando se perdieron millones en placas vehiculares desaparecidas y no hubo culpables, cuando la representante magisterial compraba ropa y accesorios millonarios con las cuotas de los profesores, cuando los delincuentes extorsionaban a los ciudadanos y los policías a los delincuentes, cuando sabía que la tenencia actual había sido creada para pagar las olimpiadas de hace más de 40 años y seguían cobrandola, cuando veían que los inocentes estaban en las encarcelados y los delincuentes libres, cuando sabían que estábamos en los últimos lugares de calidad de la educación, cuando aumentaban los impuestos indiscriminadamente, cuando esto, cuando lo otro, cuando aquello, siempre decían “mevama”.

El orador anónimo con toda energía gritó a los pocos oyentes – “Si no adquirimos una conciencia ciudadana, si no protestamos por las arbitrariedades, si no protestamos en contra de los abusos de los políticos y empresarios corruptos y si no participa en política el ciudadano honesto, nuestro estado y nuestra nación va a morir ahogada en su propia corrupción, de mí se acordarán.”

Una gente aplaudía, otra sibaba y otra más reía, el alboroto era grande, pero no precisamente por el impacto del discurso, la gente se divertía tratando de hacerle creer que los había emocionado.

Finalmente, el orador anónimo, en un tono molestos sentenció: “Conserven en su recuerdo esta fecha y lo que les dije, porque al tiempo me darán la razón, sin embargo,  ya no habrá marcha atrás.”

El volumen de la algarabía subió varios tonos y entre burlas y risas el orador anónimo se perdió por la calle Zaragoza rumbo al sur.

El tiempo pasó, ya confiados los políticos en la mansedumbre de la ciudadanía aumentaron los impuestos sin medida, frenaron los aumentos salariales en contubernio con los empresarios y sindicatos, aumentaron los pasajes del transporte urbano incluido el “Metro”. Ya el saqueo de las arcas municipales, estatales y federales era a vista de todos, grabados con cámaras web y subidos a youtube.

Al ver el saqueo tan desmedido, René Bejarano se avergonzó de haber llevado un maletín tan pequeño cuando lo grabaron llenándolo de billetes y hasta no faltó quien sugiriera su canonización por el sufrimiento que tuvo al haberlo exhibido por tan poquito.

Todos los ciudadanos comunes y corrientes y sus familiares, conocidos como los “Mevamas” se ceñían cada vez más el cinturón, sus rostros lucían cada día más demacrados, ya sus comidas se reducían a solo una al día, no había para más. Los padres de los “Mevamitas” (Hijos de los “Mevamas”) angustiados veían como sus hijos lucían un vientre como de marimba, totalmente desnutridos y pensaban: “Alguien tiene que hacer algo” (No ellos, ¿para qué molestarse?).

Los empresarios de la cerveza, utilizando la psicología de masas, como lo había hecho para convencer al ciudadano de que sus equipos de media tabla eran los mejores del mundo y obligarlo psicológicamente a llenar los estadios con entradas más caras que en el resto del país y muchos países, lo obligaron también a comprar continuamente nuevas playeras de los equipos locales a precio de oro, cuando solo le habían añadido una rayita, con esas mismas técnicas mediáticas convencieron a la ciudadanía que la esbeltez anémica era sinónimo de salud, que con esa figura podrían aspirar a modelos de revistas de moda internacionales, que eran el orgullo nacional y envidia de otros países.

Los gobernantes, los líderes sindicales, policías, tránsitos, narcos, coyotes, jueces, fiscales, empresarios voraces, notarios, guaruras, burócratas, todos ellos que practicaban la corrupción (no eran todos, pero casi todos) eran llamados dentro y fuera del país como los “Corruptecos” y a sus hijos los llamaban “Corruptequitos”.

Típico Corrupteco
Típico Corrupteco

El tiempo inexorablemente pasó, y ya pocos o nadie se acordaban de aquel orador anónimo que había andado a salto de mata por el estado y en la macroplaza advirtiendo de los peligros de ejercer la vergonzosa profesión de la apatía.

Un día de otoño, preludio del invierno los “Mevamas” y los “Mevamitas” comenzaron a caer al duro suelo con la frente hacia el cielo, su desnutrición había triunfado.

Faltos de energía los “Mevamas” y los “Mevamitas” tapizaban las calles principales como la Zaragoza, la Juárez, la Cuauhtémoc, la Madero. Constitución y Morones Prieto, así como Gonzalitos y Leones se convirtieron en un gigantesco estacionamiento. La gente se bajaba de sus autos y desfallecidos se tiraban al suelo.

De las Plazas Fiesta, del Molcito Valle, del  Sun Moll, de las Outlets,  de Plaza Real, de Citadel, de Plaza la Silla y de todos los centros comerciales salían a la calle a verificar lo que las estaciones de radio decían, y también quedaban tendidos. Lo mismo pasaba en Montemorelos, Anáhuac, Dr. Arroyo, Sabinas, en todos los pueblos y ranchos del estado.

El silencio en el estado era tan denso que podía cortarse con un cuchillo, los “Mevamas” y los “Mevamitas”, como hipnotizados, con la mirada perdida, solo atinaban a mirar al cielo.

De pronto por el cielo aparecieron unas figuras que los “Mevamas” y los “Mevamitas” debido a su debilidad no acataban a distinguir, parecían globos, si, como globos aerostáticos con figura humana.

La razón de lo anterior era que los “Corruptecos” y los “Corruptequitos” al consumir en exceso carnes asadas, hamburguesas, hot dogs, enchiladas, gringas, burritos, machacado, empalmes,  pollos asados, quesos, pescados y todo lo comible, hicieron que las bacterias alojadas en el estómago e intestinos fallecieran de exceso de trabajo y no pudieran ya regular la creación de gases como el nitrógeno, oxigeno, dióxido de carbono, metano y el más oloroso como el escatol , y que estos poco a poco se fueran acumulando en su interior, haciendo que la piel de estos personajes se restirara hasta alcanzar un volumen entre 5 y 10 veces más del normal, según lo tragón de la persona.

Una vez invadidos por los gases estomacales, los “Corruptecos” y los “Corruptequitos” no pudieron mantener las plantas de los pies en el suelo y empezaron a flotar como globos llenos de helio, comenzaron a tomar altura, a elevarse hacia el cielo que ese día estaba totalmente despejado. Algunos tardaron más en alcanzar esas alturas ya que se aferraban desesperadamente a las maletas llenas de dólares y joyas que habían “adquirido” durante su función, sin embargo, la tensión en los brazos los obligó a soltarlas y desde lo alto miraban con lágrimas en los ojos como sus riquezas quedaban en la tierra.

Algunos “Corruptecos” lograban expulsar por la retaguardia algo de los gases que los invadían y tomaban velocidad como un globo pinchado por alfiler, muchos se cruzaban con los que habían sido sus cómplices de enriquecimiento explicable, no se dirigían la palabra, cada quien hundido en su desesperación.

De pronto, los “Mevamas” comenzaron a oír explosiones y dentro de su aletargamiento suponían que eran fuegos pirotécnicos, pero no, los “Corruptecos” y los “Corruptequitos” estaban estallando y al hacerlo, todo su interior compuesto mayormente por excremento se precipitaba por obra y gracia de la gravedad al suelo.

Para muchos  “Mevamas”, dada la pobreza en que se habían sumido, fue la única oportunidad que tuvieron de estar cerca de una langosta o un fino caviar, gracias a una comida a medio digerir que había soltado en la explosión uno de los personajes ahora flotantes.

Pronto los estallidos se intensificaron y las plastas de excremento también lo hicieron, las calles, plazas, jardines, edificios, las montañas y las llanuras se iban cubriendo del asqueroso material, también los “Mevamas” y “Mevamitas”, unos ya muertos y otros a punto de morir, comenzaron a quedar sepultados por esa pasta maloliente.

Si el Huracán Gilberto causo pavor a la comunidad, nada se comparaba con lo que estaba sucediendo. Los ríos se desbordaban de excremento, las presas dejaron de ser presas al caer las cortinas con la presión del material, los ríos, Santa Catarina, San Juan, Ramos, Pilón, Cavezones, Salado y todos los demás, conducían enormes cantidades provocando fuertes olas, arrastrando a su paso, árboles ancestrales, ferrocarriles completos, automóviles, trailers y hasta la orgullosa torre administrativa y el viejo edificio latino junto con los licenciados e ingenieros en ciencias computacionales fueron arrasados.

No quedaba ningún signo de vida, solo imperaba el fétido olor del abundante excremento de los “Corruptecos” y los “Corruptequitos”, de los “Mevamas” y “Mevamitas” ni siquiera eso quedaba porque ya no tenían.

Lo más triste, es que estos acontecimientos no solo sucedieron aquí, sucedió también en Michoacán, en Veracruz, en Sonora, en Guanajuato, desde Tijuana hasta Mérida, desde Tamaulipas hasta Sinaloa, en todo México el panorama era el mismo.

Pasaron años, muchos años, y la naturaleza con su sabiduría supo aprovechar esa materia hedionda y los cadáveres de los “Mevamas” y “Mevamitas” como fertilizante para la bendita tierra.

Comenzaron a surgir por aquí y por allá frondosos árboles, los llanos se cubrieron de flores multicolores, las selvas adquirieron el verdor de antes de la tragedia, en los desiertos ya se erguían con orgullo los órganos y todo tipo de cactus. Con esto vinieron nuevamente las lluvias y los ríos dieron paso a las transparentes aguas que desembocaban en los imponentes  océanos pacífico y atlántico.

Allá, en un recodo que formaban las límpidas aguas del Rio Grijalva, sentado en una piedra, el único personaje con figura humana y larga barba en el territorio que alguna vez se llamó México, ataviado con una bata blanca con amoroso cuidado moldeaba una figura de barro, esa figura de barro era la de un hombre.

Mientras daba forma al barro con sus finas manos, amorosamente le decía: “Te di la mejor tierra para vivir, tenías hermosas selvas, imponentes bosques, grandes llanos para sembrar tu alimento, los ríos más espectaculares con grandes cantidades de pescado para tu  subsistencia, una tierra con las temperaturas más privilegiadas, los recursos naturales más abundantes del planeta y sobre todo, te di lo más importante, tu libre albedrío para que tomaras las mejores decisiones en tu vida, vivieras en plena armonía y amor a tus semejantes, ¿y qué sucedió?, muchos de ustedes se hundieron en la avaricia y la corrupción, los otros se hundieron en la apatía y la indiferencia y ambos, irresponsablemente se olvidaron de entregar a sus hijos, los seres  más preciados para ustedes, un mundo mejor para que ellos vivieran con dignidad y libertad.

Con ternura colocó la figura ya terminada en el suelo, al momento que le decía: “te entrego esta nueva oportunidad, espero que esta vez si la aproveches”.

La figura de barro comenzó a tomar movimiento mientras la figura de aquel hombre con bata blanca y largas barbas se iba desvaneciendo.

 

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