La niña de la pañoleta

Cuentos para mis nietos

Para mariana que aunque no le guste la escuela, es fanática del baile.

Era un enorme oso, unos perros chihuahueños disfrazados de gente y una hermosa niña con una pañoleta ceñida a su cabeza.

Todos los días caminaban por las calles de aquellas colonias pobres que carecían de pavimento. Don Javi, un enorme hombre de piel clara y sonrisa amable hacia sonar insistentemente su tambor avisando que en esos momentos pasaba el mejor espectáculo de la tierra. Los niños con caras curtidas por el sol, descalzos y vestidos con harapos, salían presurosos de sus humildes viviendas con una enorme sonrisa.

El gran oso de vez en vez se erguía en sus patas traseras, y con sus mas de dos metros, bailaba dando vueltecitas a si mismo.

Una vez que el oso se volvía a poner en cuatro patitas, alegremente los perritos imitaban al oso al levantarse en sus extremidades traseras y brincaban y bailaban al ritmo que la niña de la pañoleta les marcaba con su alegre pandero.

Mientras la caravana de artistas caminaba por la calle, se unían a ellos una gran cantidad de niños que olvidando sus pobrezas reían y gozaban con las gracias de el enorme oso y los pequeñines perros.

Cuando ya se había juntado una gran cantidad de gente, la caravana se detenía, y la gente por instinto o conocimiento formaba una enorme rueda alrededor de los artistas.

Ahí, en ese lugar, el oso hacia su gran número de baile, sobre sus patas traseras, sobre sus patas delanteras y sobre sus cuatro patas también. Al terminar, el oso levantaba su enorme cuerpo, y con una reverencia agradecía los nutridos aplausos de su humilde público.

Luego tocaba su turno a los perritos, que con suma gracia bailaban y hacían un sin número de piruetas, brincaban la cuerda y saltaban con precisión entre los aros de plástico que Don Javi les ponía al frente.

La gente, niños y mayores, felices disfrutaban los actos artísticos de los animalitos, pero esperaban con ansias el número principal, el baile de la niña de la pañoleta.

Cuando la niña se colocaba en el centro, como por arte de magia aparecía una especie de burbuja luminosa, se veían flotar lucecitas como estrellitas, y de la nada, surgía una alegre música que inundaba totalmente el lugar.

La niña de la pañoleta comenzaba sus movimientos al ritmo de la música, a medida que el ritmo se incrementaba, en esa medida la niña danzaba, parecía que sus piececitos no tocaban el suelo, su amplia falda blanca dibujaba giros embriagadores. La gente extasiada no perdía ni uno de sus movimientos, sus corazones latían de emoción al ver la maestría de la niña. Las tristezas, las miserias, el dolor y el hambre eran olvidados por los espectadores, por eso seguían a la caravana, por eso esperaban con ansias a la niña de la pañoleta, para olvidar sus pesares y vivir un momento feliz ante el espectáculo como de cuento de hadas.

NiñaBailando

Cuando la música cesaba, cesaba también el baile de la niña y cesaba también esa luz y esos brillos como estrellas que embargaban los corazones de quien la veían.

Nadie se había dado cuenta, que ahí cerquita se encontraba un automóvil largo, largo, y dentro de él, un señor con fino traje que emocionado bajó y se dirigió al grupo de artistas.

–          Tienes que venir conmigo niña – dijo aún emocionado por el espectáculo el señor del traje fino.

–          Tienes que salir en televisión para que el mundo entero disfrute de tu magia –

La niña  y don Javi se quedaron mirando y le dijeron al señor del largo coche.

–          Si aceptamos pero siempre y cuando la mitad de las ganancias sea para ayuda de los pobres y que donde nos presentemos, la mitad de los asientos sean gratuitos para la gente de estas pobres colonias. –

El señor del traje elegante de mala gana accedió.

Cuando inauguraron el espectáculo de la niña de la pañoleta en un gran teatro, ella bailó como nunca, y el mundo a través de la televisión pudo por fin gozar del mágico espectáculo de la niña.

Todo el mundo emocionado, el del teatro y el que la miraba por televisión la ovacionaban sin descanso.

Las gentes de las colonias pobres que llenaban la mitad del teatro comenzaron a corear el nombre de la niña sin hacer pausas: AnaMariaAnaMariaAnaMariaAnaMariaAna MariAna, Mariana, fue así como periodistas y el mundo entero, al confundirse, la llamó Mariana.

Cuando la entrevistaron, dijo a la prensa que ella nunca había sido muy buena en las matemáticas ni en la historia, pero que un día se le apareció un ángel que le dijo que Dios le había dado el don del baile para hacer olvidar al mundo sus tristezas.

Y así, Mariana sigue dándole al mundo felicidad con el arte de su baile.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s