El día que México desapareció.

Cualquier semejanza con la realidad es mera coincidencia.

Parado sobre una caja de plástico, de esas que sirven de empaque de algún producto, un hombre maduro situado en la Macroplaza de Monterrey, precisamente ahí frente al palacio de gobierno, en la explanada frontal, mientras los transeúntes lo miraban unos con un dejo de indiferencia, otros lo miraban como a un loco escapado del manicomio.

A grandes gritos decía: “Se nos acabó la conciencia ciudadana, reaccionemos hermanos o nos acabaremos nuestro estado y nuestro país, ¿qué condiciones les dejaremos a nuestros hijos y nuestros nietos?”.

Continuó gritando – “Nuestra actuación apática solo está engendrando un país que se hunde en la pobreza y la mediocridad, unos gobernantes ineptos y corruptos que en vez de servir, se sirven del ciudadano, que en vez de entender que somos sus empleadores se convierten en nuestros dueños en una actitud dictatorial”.

“¿Acaso no han visto como derrochan el dinero nuestros funcionarios públicos?”, esto mientras el ciudadano se tiene que apretar cada vez más fuerte el cinturón. – El rostro del orador se tornaba cada vez más rojo a medida que la pasión de lo que decía le inundaba el ánimo.-

En esos momentos alrededor del orador ya se había congregado un grupo como de veinte gentes, más que por impresionarles los argumentos, estaban ahí para matar el tiempo, gente desempleada, chamacos que se habían ido de “yesca” o de “pinta”, vendedores de globos sin clientes, gente que había ido a realizar algún trámite en las dependencias y vagos sin oficio ni beneficio.

Con fuertes gritos continuaba el orador anónimo diciendo: “Nuestro estado está a punto de morir, nuestro país está a punto de morir, nosotros estamos a punto de morir si no hacemos nada”.

La gente lo miraba entre divertida y escéptica, en su interior decían “mevama” (mevama era una expresión de los mexicanos  que tenía su origen en la flojera de emitir una expresión que años atrás y constantemente pronunciaban y que era “Me vale madres”, tanto lo mencionó el ciudadano mexicano que un día, por abreviar, decidieron decir “mevama”, de hecho así conocían al mexicano en el extranjero, como “Los Mevama”).

Típico Mevama
Típico Mevama

Cuando alguien mencionaba que el petróleo se nos estaba acabando, el ciudadano decía “mevama”, lo mismo decía cuando oía que los bosques de Chihuahua o las selvas de Chiapas se estaban acabando, o cuando un expresidente junto con sus hijastros y nueva esposa salieron multimillonarios, cuando tenía que pagar más por el litro de gasolina que en los países que no tenían petróleo, cuando otorgaron a México el honor de ser el primero en obesidad, cuando decidieron aumentar el iva a 16%, mientras naciones del primer mundo tienen 8%, cuando el gobierno del Estado decidió por enésima vez solicitar más créditos empeñando por  lustros a la ciudadanía, cuando se perdieron millones en placas vehiculares desaparecidas y no hubo culpables, cuando la representante magisterial compraba ropa y accesorios millonarios con las cuotas de los profesores, cuando los delincuentes extorsionaban a los ciudadanos y los policías a los delincuentes, cuando sabía que la tenencia actual había sido creada para pagar las olimpiadas de hace más de 40 años y seguían cobrandola, cuando veían que los inocentes estaban en las encarcelados y los delincuentes libres, cuando sabían que estábamos en los últimos lugares de calidad de la educación, cuando aumentaban los impuestos indiscriminadamente, cuando esto, cuando lo otro, cuando aquello, siempre decían “mevama”.

El orador anónimo con toda energía gritó a los pocos oyentes – “Si no adquirimos una conciencia ciudadana, si no protestamos por las arbitrariedades, si no protestamos en contra de los abusos de los políticos y empresarios corruptos y si no participa en política el ciudadano honesto, nuestro estado y nuestra nación va a morir ahogada en su propia corrupción, de mí se acordarán.”

Una gente aplaudía, otra sibaba y otra más reía, el alboroto era grande, pero no precisamente por el impacto del discurso, la gente se divertía tratando de hacerle creer que los había emocionado.

Finalmente, el orador anónimo, en un tono molestos sentenció: “Conserven en su recuerdo esta fecha y lo que les dije, porque al tiempo me darán la razón, sin embargo,  ya no habrá marcha atrás.”

El volumen de la algarabía subió varios tonos y entre burlas y risas el orador anónimo se perdió por la calle Zaragoza rumbo al sur.

El tiempo pasó, ya confiados los políticos en la mansedumbre de la ciudadanía aumentaron los impuestos sin medida, frenaron los aumentos salariales en contubernio con los empresarios y sindicatos, aumentaron los pasajes del transporte urbano incluido el “Metro”. Ya el saqueo de las arcas municipales, estatales y federales era a vista de todos, grabados con cámaras web y subidos a youtube.

Al ver el saqueo tan desmedido, René Bejarano se avergonzó de haber llevado un maletín tan pequeño cuando lo grabaron llenándolo de billetes y hasta no faltó quien sugiriera su canonización por el sufrimiento que tuvo al haberlo exhibido por tan poquito.

Todos los ciudadanos comunes y corrientes y sus familiares, conocidos como los “Mevamas” se ceñían cada vez más el cinturón, sus rostros lucían cada día más demacrados, ya sus comidas se reducían a solo una al día, no había para más. Los padres de los “Mevamitas” (Hijos de los “Mevamas”) angustiados veían como sus hijos lucían un vientre como de marimba, totalmente desnutridos y pensaban: “Alguien tiene que hacer algo” (No ellos, ¿para qué molestarse?).

Los empresarios de la cerveza, utilizando la psicología de masas, como lo había hecho para convencer al ciudadano de que sus equipos de media tabla eran los mejores del mundo y obligarlo psicológicamente a llenar los estadios con entradas más caras que en el resto del país y muchos países, lo obligaron también a comprar continuamente nuevas playeras de los equipos locales a precio de oro, cuando solo le habían añadido una rayita, con esas mismas técnicas mediáticas convencieron a la ciudadanía que la esbeltez anémica era sinónimo de salud, que con esa figura podrían aspirar a modelos de revistas de moda internacionales, que eran el orgullo nacional y envidia de otros países.

Los gobernantes, los líderes sindicales, policías, tránsitos, narcos, coyotes, jueces, fiscales, empresarios voraces, notarios, guaruras, burócratas, todos ellos que practicaban la corrupción (no eran todos, pero casi todos) eran llamados dentro y fuera del país como los “Corruptecos” y a sus hijos los llamaban “Corruptequitos”.

Típico Corrupteco
Típico Corrupteco

El tiempo inexorablemente pasó, y ya pocos o nadie se acordaban de aquel orador anónimo que había andado a salto de mata por el estado y en la macroplaza advirtiendo de los peligros de ejercer la vergonzosa profesión de la apatía.

Un día de otoño, preludio del invierno los “Mevamas” y los “Mevamitas” comenzaron a caer al duro suelo con la frente hacia el cielo, su desnutrición había triunfado.

Faltos de energía los “Mevamas” y los “Mevamitas” tapizaban las calles principales como la Zaragoza, la Juárez, la Cuauhtémoc, la Madero. Constitución y Morones Prieto, así como Gonzalitos y Leones se convirtieron en un gigantesco estacionamiento. La gente se bajaba de sus autos y desfallecidos se tiraban al suelo.

De las Plazas Fiesta, del Molcito Valle, del  Sun Moll, de las Outlets,  de Plaza Real, de Citadel, de Plaza la Silla y de todos los centros comerciales salían a la calle a verificar lo que las estaciones de radio decían, y también quedaban tendidos. Lo mismo pasaba en Montemorelos, Anáhuac, Dr. Arroyo, Sabinas, en todos los pueblos y ranchos del estado.

El silencio en el estado era tan denso que podía cortarse con un cuchillo, los “Mevamas” y los “Mevamitas”, como hipnotizados, con la mirada perdida, solo atinaban a mirar al cielo.

De pronto por el cielo aparecieron unas figuras que los “Mevamas” y los “Mevamitas” debido a su debilidad no acataban a distinguir, parecían globos, si, como globos aerostáticos con figura humana.

La razón de lo anterior era que los “Corruptecos” y los “Corruptequitos” al consumir en exceso carnes asadas, hamburguesas, hot dogs, enchiladas, gringas, burritos, machacado, empalmes,  pollos asados, quesos, pescados y todo lo comible, hicieron que las bacterias alojadas en el estómago e intestinos fallecieran de exceso de trabajo y no pudieran ya regular la creación de gases como el nitrógeno, oxigeno, dióxido de carbono, metano y el más oloroso como el escatol , y que estos poco a poco se fueran acumulando en su interior, haciendo que la piel de estos personajes se restirara hasta alcanzar un volumen entre 5 y 10 veces más del normal, según lo tragón de la persona.

Una vez invadidos por los gases estomacales, los “Corruptecos” y los “Corruptequitos” no pudieron mantener las plantas de los pies en el suelo y empezaron a flotar como globos llenos de helio, comenzaron a tomar altura, a elevarse hacia el cielo que ese día estaba totalmente despejado. Algunos tardaron más en alcanzar esas alturas ya que se aferraban desesperadamente a las maletas llenas de dólares y joyas que habían “adquirido” durante su función, sin embargo, la tensión en los brazos los obligó a soltarlas y desde lo alto miraban con lágrimas en los ojos como sus riquezas quedaban en la tierra.

Algunos “Corruptecos” lograban expulsar por la retaguardia algo de los gases que los invadían y tomaban velocidad como un globo pinchado por alfiler, muchos se cruzaban con los que habían sido sus cómplices de enriquecimiento explicable, no se dirigían la palabra, cada quien hundido en su desesperación.

De pronto, los “Mevamas” comenzaron a oír explosiones y dentro de su aletargamiento suponían que eran fuegos pirotécnicos, pero no, los “Corruptecos” y los “Corruptequitos” estaban estallando y al hacerlo, todo su interior compuesto mayormente por excremento se precipitaba por obra y gracia de la gravedad al suelo.

Para muchos  “Mevamas”, dada la pobreza en que se habían sumido, fue la única oportunidad que tuvieron de estar cerca de una langosta o un fino caviar, gracias a una comida a medio digerir que había soltado en la explosión uno de los personajes ahora flotantes.

Pronto los estallidos se intensificaron y las plastas de excremento también lo hicieron, las calles, plazas, jardines, edificios, las montañas y las llanuras se iban cubriendo del asqueroso material, también los “Mevamas” y “Mevamitas”, unos ya muertos y otros a punto de morir, comenzaron a quedar sepultados por esa pasta maloliente.

Si el Huracán Gilberto causo pavor a la comunidad, nada se comparaba con lo que estaba sucediendo. Los ríos se desbordaban de excremento, las presas dejaron de ser presas al caer las cortinas con la presión del material, los ríos, Santa Catarina, San Juan, Ramos, Pilón, Cavezones, Salado y todos los demás, conducían enormes cantidades provocando fuertes olas, arrastrando a su paso, árboles ancestrales, ferrocarriles completos, automóviles, trailers y hasta la orgullosa torre administrativa y el viejo edificio latino junto con los licenciados e ingenieros en ciencias computacionales fueron arrasados.

No quedaba ningún signo de vida, solo imperaba el fétido olor del abundante excremento de los “Corruptecos” y los “Corruptequitos”, de los “Mevamas” y “Mevamitas” ni siquiera eso quedaba porque ya no tenían.

Lo más triste, es que estos acontecimientos no solo sucedieron aquí, sucedió también en Michoacán, en Veracruz, en Sonora, en Guanajuato, desde Tijuana hasta Mérida, desde Tamaulipas hasta Sinaloa, en todo México el panorama era el mismo.

Pasaron años, muchos años, y la naturaleza con su sabiduría supo aprovechar esa materia hedionda y los cadáveres de los “Mevamas” y “Mevamitas” como fertilizante para la bendita tierra.

Comenzaron a surgir por aquí y por allá frondosos árboles, los llanos se cubrieron de flores multicolores, las selvas adquirieron el verdor de antes de la tragedia, en los desiertos ya se erguían con orgullo los órganos y todo tipo de cactus. Con esto vinieron nuevamente las lluvias y los ríos dieron paso a las transparentes aguas que desembocaban en los imponentes  océanos pacífico y atlántico.

Allá, en un recodo que formaban las límpidas aguas del Rio Grijalva, sentado en una piedra, el único personaje con figura humana y larga barba en el territorio que alguna vez se llamó México, ataviado con una bata blanca con amoroso cuidado moldeaba una figura de barro, esa figura de barro era la de un hombre.

Mientras daba forma al barro con sus finas manos, amorosamente le decía: “Te di la mejor tierra para vivir, tenías hermosas selvas, imponentes bosques, grandes llanos para sembrar tu alimento, los ríos más espectaculares con grandes cantidades de pescado para tu  subsistencia, una tierra con las temperaturas más privilegiadas, los recursos naturales más abundantes del planeta y sobre todo, te di lo más importante, tu libre albedrío para que tomaras las mejores decisiones en tu vida, vivieras en plena armonía y amor a tus semejantes, ¿y qué sucedió?, muchos de ustedes se hundieron en la avaricia y la corrupción, los otros se hundieron en la apatía y la indiferencia y ambos, irresponsablemente se olvidaron de entregar a sus hijos, los seres  más preciados para ustedes, un mundo mejor para que ellos vivieran con dignidad y libertad.

Con ternura colocó la figura ya terminada en el suelo, al momento que le decía: “te entrego esta nueva oportunidad, espero que esta vez si la aproveches”.

La figura de barro comenzó a tomar movimiento mientras la figura de aquel hombre con bata blanca y largas barbas se iba desvaneciendo.

 

El niño de los ojos color de cielo

Cuentos para mis nietos.

Para Leonardo, que aparte de hermoso es un cmpeón en el beisbol.

El enorme estadio de béisbol con capacidad de 50 mil gentes estaba totalmente lleno, y una cantidad igual de personas se encontraba afuera del estadio con la esperanza inútil de conseguir una entrada.

La gente del mundo dejaba de ver novelas, películas y programas de entretenimiento para concentrarse en el juego de béisbol, un juego en el que se enfrentaba un equipo de nueve jugadores contra el “Niño de los ojos color de cielo” solo.

El “Niño de los ojos color de cielo” había vencido a casi todos los mejores equipos del mundo, a los “Diablos Rojos”, a “Los Sultanes”, a “Los Saraperos”, a Los Yanquis”, a “Los Dodger’s”, a los equipos cubanos, dominicanos y japoneses.

Siempre iniciaba bateando el “Niño de los ojos color de cielo”, nunca había dejado de batear un home run, y aun así, nunca, ningún equipo se había enojado o frustrado por haber perdido con el niño, todo lo contrario, deseaban que “volara” la pelota.

El “Niño de los ojos color de cielo” se preparaba ante el pitcher como le había enseñado su padre durante tantas horas, ataviado con todo el equipo que también le había comprado su padre, zapatos de béisbol, casco de béisbol, sus pantaloncillos, su playera y hasta su concha.

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El “Niño de los ojos color de cielo” sostenía con su antebrazo izquierdo su flamante bate mientras se aplicaba brea en las manos, daba un toquecito al suelo con el bate y se ponía en posición.

El pitcher de cualquier equipo del mundo preparaba su mejor lanzamiento y el “Niño de los ojos color de cielo” recordaba y acataba lo que su padre le decía siempre: “No pierdas de vista la bola”.

El público gritaba “Vamos niño vamos, tu puedes”

De la mano del pitcher salió la bola a tremenda velocidad, haciendo giros y curvas, pero el niño nunca la perdió de vista, se balanceó como le decía su padre y estiró el bate hasta que un sonido seco evidenció el golpe a la pelota.

La bola fue surcando los aires y era claro que rebasaría el estadio, la gente, e incluso los del equipo contrario, emocionados gritaban, como si con sus gritos lograran darle más velocidad a la pelota.

En efecto, la pelota rebasó los límites del estadio, se introdujo a la oscuridad de la noche y siguió su camino.

Increíblemente viajo kilómetros y kilómetros, hasta que, sobre “El pueblo de los niños tristes”, la pelota estalló lanzando gran cantidad de luces multicolores y a su vez dejo caer gran cantidad de exquisitos chocolates, caramelos en forma de bastón, chicles de todos los sabores, cocadas, mazapanes, gomitas, dulces de tamarindo, cacahuates, paletas con forma de carita y todas las golosinas que se pudieran imaginar los niños. Así que a partir de ese momento tuvieron que cambiarle de nombre al pueblo, hoy se llama “El pueblo de los niños felices”.

Esa era la razón de que los equipos contrarios a el “Niño de los ojos color de cielo” no se molestaran por perder, esa era la razón de que todos los habitantes de la tierra desearan que el niño volara la pelota.

Cuando el abuelo del niño murió, ya en el cielo pidió a Dios que le diera a su nieto el poder de ayudar al mundo para que este fuera mejor cada vez. Dios al saber de la pasión que el niño sentía por el béisbol, le dio el poder en su bate y su pelota.

Así fue que en alguna ocasión la pelota bateada por el “Niño de los ojos color de cielo” estalló sobre “El pueblo de las constantes sequías” y dejó caer grandes cantidades de agua que hicieron florecer los campos y corrió cantarinamente el agua por sus ríos anteriormente secos, hoy se llama “El pueblo de las praderas verdes”.

Otra vez estallo sobre “El pueblo de los malvados” y dejo caer un gas, que al ser respirado por sus habitantes los convirtió en los seres más amorosos de la tierra, hoy el pueblo se llama “El pueblo de la gente que se quiere”.

Cuando explotó la pelota sobre “El pueblo mas triste del mundo”, bajo una nube que al disiparse cambió a la gente, hoy todos ríen y bailan a todas horas, por eso hoy le llaman “El pueblo de la felicidad constante”.

En alguna ocasión, precisamente en Navidad el “Niño de los ojos color de cielo” bateo su acostumbrado home run, la pelota viajó dejando una estela como un cometa, iluminando el cielo por donde pasaba con brillantes luces que cambiaban de color, casi rodeó la tierra y finalmente se detuvo sobre el lugar conocido como “Pobre pueblo pobre”, y como nunca antes, la pelota dejo escapar por largos minutos una gran cantidad de luces que formaban círculos, esferas y otras figuras geométricas, así como formas de animalitos, ciervos, tortugas y pájaros. La gente del “Pobre pueblo pobre” miraba ese espectáculo con gran asombro, y de pronto, pendidos de pequeños paracaídas comenzaron a llegar al suelo cajas pintadas de franjas de colores blanco y rojo coronadas con un gran moño color púrpura.

Los niños locos de contento se abalanzaban sobre las cajas, las tomaban con sumo cuidado y las iban abriendo una a una. Del interior de las cajas comenzaron a surgir los más espectaculares juguetes, un hermoso pinocho de madera con su larga nariz, caballitos que podían mecerse, hermosas muñecas de trapo, trompos multicolores, yoyos y cientos de juguetes más que hicieron esa navidad las delicias de los niños del “Pobre pueblo pobre” que a partir de ese día se llamó “El pueblo de los niños alegres”.

Una vez una persona le dijo al niño: – Oye, todos te conocemos como el “Niño de los ojos color de cielo”, pero como realmente te llamas? –

El niño esbozando una tenue sonrisa contestó: me llamo Leonardo.

Y así, el abuelo de Leonardo, sentado en una nube y balanceando los pies en el aire, sigue gritando: “Vamos Leo, vamos, tu puedes seguir haciendo el mundo mejor”

La niña de la pañoleta

Cuentos para mis nietos

Para mariana que aunque no le guste la escuela, es fanática del baile.

Era un enorme oso, unos perros chihuahueños disfrazados de gente y una hermosa niña con una pañoleta ceñida a su cabeza.

Todos los días caminaban por las calles de aquellas colonias pobres que carecían de pavimento. Don Javi, un enorme hombre de piel clara y sonrisa amable hacia sonar insistentemente su tambor avisando que en esos momentos pasaba el mejor espectáculo de la tierra. Los niños con caras curtidas por el sol, descalzos y vestidos con harapos, salían presurosos de sus humildes viviendas con una enorme sonrisa.

El gran oso de vez en vez se erguía en sus patas traseras, y con sus mas de dos metros, bailaba dando vueltecitas a si mismo.

Una vez que el oso se volvía a poner en cuatro patitas, alegremente los perritos imitaban al oso al levantarse en sus extremidades traseras y brincaban y bailaban al ritmo que la niña de la pañoleta les marcaba con su alegre pandero.

Mientras la caravana de artistas caminaba por la calle, se unían a ellos una gran cantidad de niños que olvidando sus pobrezas reían y gozaban con las gracias de el enorme oso y los pequeñines perros.

Cuando ya se había juntado una gran cantidad de gente, la caravana se detenía, y la gente por instinto o conocimiento formaba una enorme rueda alrededor de los artistas.

Ahí, en ese lugar, el oso hacia su gran número de baile, sobre sus patas traseras, sobre sus patas delanteras y sobre sus cuatro patas también. Al terminar, el oso levantaba su enorme cuerpo, y con una reverencia agradecía los nutridos aplausos de su humilde público.

Luego tocaba su turno a los perritos, que con suma gracia bailaban y hacían un sin número de piruetas, brincaban la cuerda y saltaban con precisión entre los aros de plástico que Don Javi les ponía al frente.

La gente, niños y mayores, felices disfrutaban los actos artísticos de los animalitos, pero esperaban con ansias el número principal, el baile de la niña de la pañoleta.

Cuando la niña se colocaba en el centro, como por arte de magia aparecía una especie de burbuja luminosa, se veían flotar lucecitas como estrellitas, y de la nada, surgía una alegre música que inundaba totalmente el lugar.

La niña de la pañoleta comenzaba sus movimientos al ritmo de la música, a medida que el ritmo se incrementaba, en esa medida la niña danzaba, parecía que sus piececitos no tocaban el suelo, su amplia falda blanca dibujaba giros embriagadores. La gente extasiada no perdía ni uno de sus movimientos, sus corazones latían de emoción al ver la maestría de la niña. Las tristezas, las miserias, el dolor y el hambre eran olvidados por los espectadores, por eso seguían a la caravana, por eso esperaban con ansias a la niña de la pañoleta, para olvidar sus pesares y vivir un momento feliz ante el espectáculo como de cuento de hadas.

NiñaBailando

Cuando la música cesaba, cesaba también el baile de la niña y cesaba también esa luz y esos brillos como estrellas que embargaban los corazones de quien la veían.

Nadie se había dado cuenta, que ahí cerquita se encontraba un automóvil largo, largo, y dentro de él, un señor con fino traje que emocionado bajó y se dirigió al grupo de artistas.

–          Tienes que venir conmigo niña – dijo aún emocionado por el espectáculo el señor del traje fino.

–          Tienes que salir en televisión para que el mundo entero disfrute de tu magia –

La niña  y don Javi se quedaron mirando y le dijeron al señor del largo coche.

–          Si aceptamos pero siempre y cuando la mitad de las ganancias sea para ayuda de los pobres y que donde nos presentemos, la mitad de los asientos sean gratuitos para la gente de estas pobres colonias. –

El señor del traje elegante de mala gana accedió.

Cuando inauguraron el espectáculo de la niña de la pañoleta en un gran teatro, ella bailó como nunca, y el mundo a través de la televisión pudo por fin gozar del mágico espectáculo de la niña.

Todo el mundo emocionado, el del teatro y el que la miraba por televisión la ovacionaban sin descanso.

Las gentes de las colonias pobres que llenaban la mitad del teatro comenzaron a corear el nombre de la niña sin hacer pausas: AnaMariaAnaMariaAnaMariaAnaMariaAna MariAna, Mariana, fue así como periodistas y el mundo entero, al confundirse, la llamó Mariana.

Cuando la entrevistaron, dijo a la prensa que ella nunca había sido muy buena en las matemáticas ni en la historia, pero que un día se le apareció un ángel que le dijo que Dios le había dado el don del baile para hacer olvidar al mundo sus tristezas.

Y así, Mariana sigue dándole al mundo felicidad con el arte de su baile.

Los panecillos mágicos

Cuentos para mis nietos

Para la tierna Betzady Arizbé

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Hubo una vez en un pueblito con tanta pobreza que sus habitantes sufrían de mucha, pero mucha hambre. Una niña llamada Ariz muy pobre también, caminaba triste por las calles cuando se le apareció un mago que le entregó un saco con varios panecillos. “Son mágicos, y serán aún más mágicos si sabes usarlos” Ariz se moría de hambre, pero decidió no morder los panecillos pensando en darles buen uso.

Al volver a casa, encontró una señora muy viejita y pobre que casi no podía caminar. “Dame algo, por favor”, le dijo. Ariz no tenía nada salvo los panecillos, pero como eran mágicos se resistía a dárselas. Sin embargó, recordó como sus padres le enseñaron desde pequeña a compartirlo todo, así que sacó un panecillo del saco y se lo dio a la viejecita. Al instante, el panecillo brilló con mil colores, mostrando su magia. Ariz siguió contrariada y contenta a la vez, pensando que había dejado escapar un panecillo mágico, pero que la viejecita lo necesitaba más que ella. Lo mismo le ocurrió con un niño inválido y una niña limosnerita, de forma que al llegar a su casa sólo le quedaba un solo panecillo.
Al llegar a casa, contó la historia y su encuentro con el mago a sus papás, que se mostraron muy orgullosos por su comportamiento. Y cuando iba a sacar el  panecillo, llegó Leo, su primito pequeño, llorando por el hambre, y también se lo dio a él.

En ese momento apareció el mago con gran estruendo, y preguntó a Ariz,  ¿Dónde están los panecillos mágicos que te entregué? ¿, qué es lo que has hecho con ellos? . Ariz se asustó y comenzó a excusarse, pero el mago le cortó diciendo ¿No te dije que si los usabas bien serían más mágicos?. ¡Pues sal fuera y mira lo que has hecho!
Ariz salió temblando de su casa para descubrir que a partir de sus panecillos todos los habitantes del pueblo tenían la mejor comida, los mejores trabajos y eran verdaderamente felices.,
Ariz se sintió muy contenta por haber obrado bien, y porque la magia de su generosidad hubiera devuelto la alegría a todos los que Vivian en ese pueblito.

The Busman

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The Busman

 

Si pudiera haberse documentado el tiempo que una persona habíase sentido ser un autobús (Busman para darle más caché al título), hoy podría ostentar orgullosamente en mi vitrina el Record Guinness.

Y para aquellos que al leer esto de inmediato les asalte el irrefrenable deseo de criticar este sentimiento y que con desfachatez me adhieran el  calificativo de loco, he de decirles que no soy, no he sido, ni seré el único en la vida en esta bola que nosotros llamamos tierra que sueña con lo que no es.

Para aquellos a los que la memoria no les ha sido tan fiel, puedo recordarles que antepasados nuestros de este y otros países han sentido el gusto de imaginarse ser lo que no son. En las tribus de los vecinos del norte, los gringos, no faltaba aquel que se sintiera “Toro sentado”, Cray Horse o “Caballo Loco”, en las nuestras, el “Águila que vuela” o “La Serpiente emplumada”.

Los que se han sentido ser otra cosa y que no son, también han sido motivo de elogios y sus seguidores se cuentan por millones, aquel que se siente de acero como “Superman”, el que cree ser una “Antorcha Humana”, una liga como “El Hombre Elástico”, una piedrotota como “La mole”, un insecto como “El hombre araña” y “El chapulín colorado”, un misil como “El hombre bala”, “El hombre elefante”, “El Hombre con las manos de tijeras”, orgullosos rescatistas mexicanos como “Los topos”, escritores como Franz Kafka que se creía “El hombre escarabajo” y, el colmo, hoy los niños se quieren sentir como una esponja, como “Bob”.

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El hombre araña.

Los licenciados en ciencias computacionales hoy creen ser, Bill Gates, Steve Jobs,  “El negas” o “Ñoñostacio” (para quien no sepan a quienes me refiero, aquí está el link http://www.youtube.com/watch?v=iqAoDJGMEfM)

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El Negas.

 

Hay hombres que se sienten mujeres, mujeres que se sienten hombres, gays que se sienten heterosexuales y heterosexuales que se sienten gays, hombres o mujeres comunes que se sienten “Getelmens” o “Ladys”.

 

Hasta en la política encontramos quienes se ostentan como “La mujer de hierro” o se creen animales como “El Pejelagarto” o “El perro defensor del dinero bancario”, con adjetivos tan intangibles como “El Innombrable” o con calificativos contrarios a lo que son, como la “Lady Senadora” o “El Gober Precioso”.

 

Después de toda esta disertación, puedo decir que mentalmente me siento bien al sentirme “El hombre Autobús”.

 

No se imagina uno todo lo que puede transportar el ADN de una generación a otra, estoy seguro que en el de mi madre y mi padre existía ese gusto especifico por los viajes, con la unión del esperma y el ovulo, ese inmenso gusto se trasladó a la composición de mi cuerpo.

 

Desde muy chico cuando viajaba con mis padres o los veía viajar, se manifestaba en mi la alegría o la envidia de recorrer la legua, según fuera el caso.

 

Durante mi niñez aun no se popularizaban los viajes en avión, estos estaban reservados a las personas con grandes ingresos económicos, el resto, los de clase media y baja, estábamos destinados a movilizarnos en autobús, los aviones solo los veíamos desplazarse a grandes alturas, o de cerca, detrás de las mallas del aeropuerto.

 

Cuando despedíamos a mi padre a uno de sus innumerables viajes, me quedaba extasiado mirando la grandiosidad de los autobuses, admiraba la gran potencia de su motor y su fuerte rugido que parecía decir “escuchen mi poder”.

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Pejelagarto

Admiraba a los autobuses porque en ese entonces para mi eran el símbolo de la libertad y del conocimiento de nuestro país, de libertad porque se podían desplazar libremente por los miles y miles de kilómetros con los que contaba el sistema carretero de nuestra nación, y conocimiento porque lo  hacían, lo mimo entre grandes valles, calurosos desiertos, altísimas montañas e intrincadas selvas, pasando de un estado o municipio a otro sin que nadie se los impidiera, “quien fuera autobús”, pensaba yo.

A diferencia de otros niños, entre ellos mis amigos mas allegados, sentía un gran agradecimiento a mis padres cuando me mandaban a los “mandados”, mientras mas lejos me tenía que desplazar a adquirirlos, mejor me sentía. De inmediato me transformaba en uno de esos poderosos vehículos, en mis oídos escuchaba el rugir del motor y realizaba los cambios con la precisión con que lo hacían los expertos y verdaderos operadores. Mi amabilidad con los pasajeros al abordad la unidad se comparaba con la de los choferes de verdad, cada detalle del viaje real estaba simulado en mi mente a la perfección, los cambios de la palanca de velocidades los hacia en el momento justo para aumentar la potencia o la velocidad, miraba en mi imaginación las luces con la que nos recibían las ciudades, o los espectaculares amaneceres en las carreteras cercanas al mar, en mi mente también se desplazaba sobre un mapa un pequeño circulo que me indicaba el avance de mi viaje, hasta que el mismo concluía y con la misma amabilidad al recibirlos, despedía a los pasajeros que nos honraban con su preferencia.

Esa admiración por los autobuses y mi irrefrenable deseo de viajar y conocer no ha disminuido, eso me impulsó a estudiar con ahínco la geografía de nuestro país y el mundo, porque han de saber que mi línea imaginaria de autobuses estaba planeada expandirse internacionalmente.

Me obsesionaba la geografía de nuestro país y devoraba con avidez las reseñas y descripciones de cada ciudad y cada pueblo de la república, de tal forma que en mis viajes imaginarios tocaba cada punto de su recorrido sin excepción, y como un servicio extraordinario, hacia saber a mis pasajeros las características e historias de cada uno de los lugares por donde pasábamos.

Quizá por las razones anteriormente expuestas fui un alumno sobresaliente en la materia de geografía, como también fui un niño y adolescente raro para mis padres que veían como peleaba por tener el privilegio de ir por las cosas necesarias para la casa.

Hoy mis padres se han ido, nunca les conté de mi creencia de “hombre autobús” por el temor que hasta hoy tenia de que me juzgaran loco y, hoy, después de muchos, pero muchos años (no les diré cuantos), en mi persiste ese gusto o locura como le quiera llamar cada quien, tan es así que recientemente se presentó la oportunidad de realizar un viaje a Orlando Florida y entre las opciones de viajar en avión o por carretera, preferí esta última, fueron días de viaje que disfruté al máximo.

Para el que crea que tengo temor a viajar en avión, les diré que no es así, he tenido la fortuna de viajar mucho en múltiples aparatos aéreos, pero mi preferencia sigue siendo la carretera.

Quise escribir este artículo como preámbulo de otros que incluirán mis impresiones de viaje, principalmente dentro del territorio que generosamente Dios nos destino para vivir.



Entre formalidades y pendejadas

Nueva comunicación en los jóvenes
Nueva comunicación en los jóvenes

Qué difícil es adaptarse a los cambios de generación, tanto es así, que me fue difícil escribir esa última palabra del título.

Quienes nacieron como yo entre los 50’ y 60’ del siglo pasado, nos ha tocado conocer o experimentar cuando menos 4 generaciones. La primera, la de nuestros padres, una generación que se distinguía por la estricta obediencia de la madre e hijos hacia el padre, una generación donde el papel de cada uno estaba plenamente establecido. La mujer destinada al cuidado de la casa y la maternidad con exclusión de la sexualidad, los hijos al estudio, al trabajo y al respeto a sus mayores. El padre a su posición de macho dominante y el proveedor del hogar.

La segunda, la nuestra, una generación de fuertes cambios, la época de los Beatles, la época del Rock and Roll, la época de la aparición de la televisión, elementos que todos juntos te incitaban a hacer un cambio en tus comportamientos, rebelarte a los esquemas de la generación anterior.

En esa época los principios y filosofías de vida se destaparon, los idealismos incitaron grandes conflictos como el Movimiento estudiantil de 1968, broto la inquietud de la liberación femenina y comenzó a compartirse la responsabilidad como proveedores y el cuidado de los niños.

Aun así, el comportamiento hacia los mayores incluidos los padres, se mantenían grabados en las mentes de los miembros de mi generación, aun tomaba mucha relevancia la virginidad en la mujer, las expresiones frente a los mayores se mantenían en un clima de respeto, exentas de palabras altisonantes y en el ámbito laboral, la fidelidad a las empresas en que se laboraba, y la aspiración al crecimiento jerárquico dentro de ellas, era un común denominador.

Cambian los tiempos y surge una nueva generación, nuestros hijos, seres que dejaron atrás y en el olvido los ideales y su filosofía está basada en los programas televisivos que los abraza y que los sumergen en un mundo regido por la moda y actitudes dispersas, desechan costumbres como la asistencia a los teatros o museos y su preferencia radica en comer un pedazo de piza frente al televisor, las madres solteras dejaron de ser una sorpresa para convertirse en una moda, las mujeres entraron de lleno al ámbito laboral y por consecuencia el hombre muy a su pesar se tuvo que adaptar aprendiendo a lavar platos y cambiar pañales, para la mujer dejo de ser imprescindible el matrimonio, muchas optaron por el amor libre o ser madre en ejercicio de su soltería.

En muchos de los casos la mujer tiene mayores percepciones que el hombre, de esto se deriva un sentimiento de superioridad hacia él y que en muchas ocasiones concluye en el estado de divorcio cada vez más frecuente, pero también los hombres tienen menos reticencia a compartir el espacio de trabajo con las mujeres, incluso asimilan mejor la mayor jerarquía de una mujer.

Desde luego, son mejores administradores, la han estudiado y su perspectiva sobre el tema es mejor que la generación anterior.

Los miembros de la generación que estamos hablando, son menos leales a sus centros de trabajo, tienen más confianza en sí mismos y no dudan en cambiar de empleo si de esto les resulta un mayor beneficio económico dado que una de las más grandes satisfacciones que tienen es por los objetos que posee o se procura. Los actos políticos de esta generación se manifiestan en el hecho de ignorar la propia política, dan al mundo la espalda, no les importa el futuro de los demás, si no el suyo propio.

No es extraño que esta generación sienta soledad, los eventos masivos  los hacen sentir bien aunque pierdan su propia personalidad, se refugian en el sexo y la droga como una medida de mitigar el aburrimiento y soledad y prefieren vivir una fiesta continua porque así no se ven obligados a sentir amor o procurar una relación cercana.

Me he extendido, pero el motivo de estas reflexiones estaba encaminado a las observaciones de la comunicación verbal de la generación de nuestros hijos (hijos de los nacidos en la década de 1950 y 1960).

Como una forma de rebeldía, la generación de la que hablamos, modifica su forma de comunicación, ahora lo hacen a través de fracciones de palabras, anti ortografía y verbalmente inundada de malas palabras o altisonantes.

Hoy todos tienen un nombre en común: “Guey” y en su plática, de diez palabras, siete son groserías.

Mucho tiempo he pasado conviviendo con esta generación, pero ese tiempo no ha borrado el casete grabado en mi época de infante, las groserías tan comunes en los muchachos y los tan no muchachos taladran mis oídos, molestándolos aunque provengan de mis hijos biológicos o políticos.

Qué difícil es la adaptación, no me considero mojigato, pero ya mi grabadora tarda mas en borrar lo que en aquellos años se incrustó en mi mente.

La comunicación de ayer y hoy

 

Hace poco tiempo, sentados en la sala de la casa, miraba a mi hijo y su novia sentados juntos, pero absortos cada una o en su “Smartphone” y en broma comenté el cambio que en pocos años ha sufrido la comunicación, esto dio motivo para que dias después, la novia de mi hijo me enviara a través del correo electrónico, unas caricaturas que ilustran las diferencias de comunicación de no hace muchos años y nuestra actualidad.

Las caricaturas están en inglés, sin embargo, hasta yo, que no domino ese idioma las entiendo, dado que son muy explicitas.

Usted que opina?

Nuestra comunicación actual
 
 Y esto, será cierto también?
 
Celebración solitaria
 Actualmente hasta en lo mas espiritual existe el cibercambio.